Cuando Ya No Existe un Taller Local de Encuadernación Por David Spiel

The Bindery Buillding

En la Ciudad de Nueva York se llegaron a contar hasta 200 talleres o industrias de encuadernación. "Si estaba lloviendo, un agente podía sacar toda una semana de visitas de ventas tan sólo en el 200 de la calle Hudson", recuerda mi padre, Norton Spiel. "El territorio de uno de mis vendedores era Manhattan al suroeste de la calle 14, y el otro cubría al noreste de la calle 14." Pues bien, eso es cosa del pasado. Quedan muy pocas encuadernadoras en Nueva York, y el último taller de Manhattan se ha trasladado a Queens. Pero no lamentemos los tiempos dorados… mejor preguntémonos: ¿Qué están haciendo ustedes los impresores al respecto? La respuesta, por supuesto, es que están comprando equipos de encuadernar. Por carretadas. Si ya no podemos contar con el encuadernador de la esquina, ¿qué más nos queda por hacer? Usted tal vez no está comprando todos y cada uno de los aparatos que necesita, o máquinas grandes para tiradas de alto volumen, pero ciertamente está comprando algunas cosas. Basta de charla acerca de la "encuadernación digital", que al fin nada significa; mejor echemos un vistazo a lo que muchos impresores están haciendo.

Opciones a Considerar

La encuadernación básicamente se clasifica en cuatro categorías: por engrapado, a la rústica (o perfect), la encuadernación mecánica y el encuadernado de pasta dura. El engrapado es, por supuesto, el método más fácil, rápido y económico de armar una publicación. Prácticamente cualquier impresor posee sus propias engrapadoras, ya sean de banco o de piso. Muchos cuentan con armado de folletos en línea, en las erróneamente denominadas engrapadoras de sillín. Esas máquinas pliegan, engrapan y rebajan los bordes, y pueden costar de 50,000 a 150,000 dólares. La ventaja de esos sistemas es que funcionan en línea con las prensas. La desventaja es que no se pueden recargar mientras están funcionando.

Esto a menudo exige que el impresor adquiera varios juegos de torres (papeleras verticales), para poder rellenar las torres vacías mientras las otras siguen funcionando. Las torres suelen venderse en configuraciones de 10 papeleras. La única otra alternativa es comprar una compaginadora de carga por encima y alimentación por debajo, que se puede alimentar continuamente mientras está en funcionamiento. La desventaja de estas máquinas es que ocupan mucho espacio. Su ventaja es que duran y duran y duran, a veces varias décadas. No es raro tener que reponer una compaginadora de torre cada cinco a diez años. Las imprentas comerciales pequeñas a medianas suelen optar por compaginadoras de torre, a pesar de que exigen más mano de obra.

La encuadernación a la rústica está ganando popularidad entre los impresores digitales. La llegada de máquinas "fáciles de usar" ha impulsado también la popularidad de los libros de fotos o recuerdos. Las encuadernadoras a la rústica pueden ser enormes máquinas en línea, adosadas a compaginadoras. Generalmente son carísimas… y totalmente innecesarias en el mercado digital. Las encuadernadoras a la rústica en línea son capaces de compaginar y recortar las signaturas, cosa que la mayoría de los talleres ya no necesitan. Las imprentas comerciales pequeñas o medianas se están generalmente dedicando a encuadernar juegos pre-compaginados de pliegos sencillos, y por eso no necesitan recortar sus signaturas.

Preparación para el Terminado

Antes que el lomo de un libro sin encuadernar pase por los rodillos de engomado, hay que preparar el libro para engomarlo. Las maneras de preparar un libro para el encuadernado a la rústica son tres: ranurarlo, trocear el lomo o fresarlo.

En el ranurado, gira una rueda que contiene dos pernos verticales. Eso genera un patrón en espiral en el lomo del libro, raspando sus bordes terminados para dejar expuestas las fibras del papel. Es aquí donde se impregna el pegamento, para adherir el libro a su cubierta. El troceado o desemparejado emplea una cuchilla aserrada, parecida a una corona real, que también deja dispareja toda la superficie del lomo. Naturalmente, mientras más fibras de papel quedan expuestas, más pegamento se impregna y mejor se adhiere la pasta. El fresado serrucha hasta 13 centésimas de pulgada del lomo del libro. Esta situación es ideal, pero innecesaria si se trata de encuadernar pliegos sencillos. El fresado sólo hace falta cuando se encuadernan signaturas.

La Rosback 882 trabaja como fresadora o como ranuradora. Las máquinas básicas como la Bourg, Duplo y Standard solamente ranuran. Es necesario aventurarse a la gama de precios medios si se desea una capaz de ranurar y fresar. Así que tenga cuidado: si la máquina solamente ranura, le va a resultar casi imposible encuadernar libros a base de papel estufado. Las máquinas de mesa también se están popularizando porque los fabricantes están incorporando las prestaciones de las máquinas de piso a sus modelos de mesa. Por ejemplo, la Sterling Digibinder trocea o ranura. Eso le permitirá encuadernar libros con la calidad de una máquina fija empleando una unidad de mesa que, por supuesto, cuesta más barata.

Avanzando a Grandes Saltos

La encuadernación mecánica es la más difícil y costosa de hacer. Sin embargo, es el segmento de encuadernación que más rápidamente está creciendo, y por mucho. Encuadernación mecánica significa libros que emplean cualquier elemento mecánico para armar el libro: postes, carpetas de hojas sueltas, etc. Sin embargo, generalmente significa la encuadernación por espiral.

La encuadernación por espiral es otro término que la gente emplea con poca precisión. Existe el encuadernado común con espiral de alambre. Probablemente usted usó en la escuela libros que utilizaban una espiral de alambre en el lomo. La espiral de plástico es solamente la versión en plástico. El encuadernado por peine de alambre doble es totalmente distinto. Es un tramo de alambre cortado y moldeado que mantiene armado el libro. Haga una "C" con los dedos de su mano y ciérrelos para formar una "O." Por cada hoyo del libro pasa un par de alambres formando un peine. Los equipos de espiral de alambre ya no se fabrican en Estados Unidos, y el plástico está ocupando su lugar.

El encuadernado por Cerlox o peine de plástico va cayendo en el olvido porque es imposible de hacer automáticamente. El encuadernado por peine de alambre doble se puede hacer manualmente en aparatos de mesa, ya sea apretando el peine mediante una palanca, o cerrando los aros eléctricamente. La otra opción es comprar una máquina semiautomática. Cualquier fabricante ofrece máquinas semiautomáticas básicas, capaces de armar hasta 1,000 libros por hora. Solamente James Burn y Rilecart tienen modelos más rápidos, y solamente Rilecart ofrece una encuadernadora de peine de alambre doble totalmente automática.

Automatizar o No Automatizar...

Si bien existe tal vez una docena en Estados Unidos, las máquinas automáticas son muy populares en Europa, donde los editores evitan a toda costa pagar mano de obra excesiva. Bielomatik y Womako fabrican sistemas punzonadores y encuadernadores en línea y totalmente automáticos. La mayoría de los impresores estadounidenses optan por máquinas semiautomáticas. Ésas requieren aire comprimido y mucho espacio. Dos que no lo requieren son la RB-520 de PVC y la Rilecart TP-340. Esta última ocupa tan sólo 60 x 120 cm (2x4 pies) y arma libros con igual rapidez que cualquier semiautomática básica existente en el mercado. La mayoría de los impresores a demanda opta por modelos de mesa.

La encuadernación por espiral plástica se ha popularizado enormemente en la última década, desde la introducción de las máquinas semiautomáticas que moldean el plástico y lo insertan en los libros. La espiral de plástico se puede moldear a partir de un carrete que se asemeja a un enorme carrete de hilo de pescar. Los editores que encuadernan 100,000 libros anuales se ahorrarán más del 50 por ciento en sus costos de materiales, cosa que podría representar un ahorro de más de 10,000 dólares en cada 100,000 ejemplares.

Dado que estas máquinas en línea cuestan más de 50,000 dólares, la mayoría de los impresores grandes optan por encuadernadoras semiautomáticas como la GBC Digicoil y la insertadora Sterling Coilmaster III. Ambas insertan la espiral desde el primer hoyo. El diámetro máximo de encuadernado de una Digicoil es de 32 mm, y el de la Coilmaster es de 40 mm. Son máquinas capaces de armar entre 200 y 700 ejemplares por hora, dependiendo del modelo y del espesor de los libros. Es un enorme avance respecto de los 100 libros por hora que un operario podía encuadernar manualmente. La única unidad semiautomática de mesa es la Sterling Coilmaster Jr. Esta máquina es pequeña, ligera, capaz de hacer 600 libros por hora, y cuesta más o menos la mitad que un modelo de piso.

Según mi experiencia, la mayoría de los impresores opta por equipos manuales de mesa, incluso para tiros grandes. En Estados Unidos la cuestión de la mano de obra no es tan crítica como en el resto del mundo occidental.

Cuestión de Perforar

El problema con las espirales o los peines de alambre doble es que se necesita una perforadora. El costo de las máquinas perforadoras va de unos cuantos miles de dólares hasta los 60,000. Entre los modelos están la GBC USP13, la Kugler Punch, y la Sterling Punchmaster.

Escoger una buena máquina perforadora no es cosa sencilla, y haría falta todo un artículo dedicado a este tema. Su apuesta más segura es comprar una perforadora que exceda sus necesidades, en lugar de adquirir una que apenas responda a sus exigencias actuales: así le queda espacio para crecer. Evitará tener que comprar otra máquina, y otros juegos de punzones y troqueles, que de por sí podrían costarle tanto como la propia máquina extra.

Esos días en que el taller local de encuadernado le terminaba sus trabajos van quedando atrás. Quizá le resulte prudente lograr la autonomía de encuadernado para su planta, antes de que la encuadernadora de su vecindario se convierta en un gimnasio o condominio. A los impresores les conviene interesarse más activamente en eso que antes considerábamos el "hijastro" de la industria editorial.